Aquellas personas que no se sienten cómodas con su realidad —y esto incluye una diversidad de apartados— suelen tener casi siempre las mismas tres opciones: adaptarse, escapar o rendirse. Es bastante raro y severamente deprimente que alguien se rinda sin siquiera haber intentado hacer algo, por lo que —digamos— la tercera alternativa sólo se presentaría en caso de que las anteriores no hayan funcionado la cantidad de veces necesaria como para provocar que la estabilidad del individuo se desplome, o en otras palabras, se acabe su esperanza de encontrar una solución. El punto medio es, en consecuencia, el buscar escapar de esa realidad que tanto disgusta, sea consciente o inconscientemente; siendo éste el camino que la mayoría sentencia como fácil, muchas veces olvidando que esto acostumbra a no ser más que parte de un proceso, uno muy complicado. El huir de los problemas implica ignorarlos, minimizarlos, no afrontarlos, lo cual puede partir desde los más pequeños como "dejarlo para más tarde", "esperar que se solucione por su cuenta", o "borrón y cuenta nueva", hasta los más retorcidos que introducen conceptos como negación, manipulación o construcción de una más conveniente realidad. En estos últimos es un hecho que, pese a que amenace con ser un estereotipo ofensivo, gran parte de los usuarios de la red y, sobre todo de los juegos de rol, habitúan a refugiarse. Accel World no va exactamente esto, pero sí.
Dos razones para ver Accel World: Kuroyukihime y... bleh, no puedo pensar en nada más.