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2 de octubre de 2011

House MD: La Curiosidad Tiene Prio Sobre lo Racional

No es que House sea impredecible, ni que los espectadores se distraigan con la historia de fondo, mucho menos que uno espere algo distinto de su parte por alguna vez, que eso se sabe sólo llegará, o bien no; sino que justo ahora es preocupante pensar en lo que vendrá después. Con un final de temporada bastante crítico, en el que el doctor demostró una vez más cómo dar a entender que algo incomoda con estilo, el futuro se tornó gris para los que soñaban con un happy end. De hecho, las consecuencias de sus acciones jamás habían dejado tan en suspenso su destino como un atentado directo contra su estabilidad, eso es que hizo encallar su propio barco —aunque lo que literalmente hiciera fuese estrellar su auto, claro—, cerró su acceso al hospital, tanto como médico, como persona, y, con ello, las interrogantes sobre el camino que tomará y el cómo finalizará esta temporada —que podría ser la última— cumplieron con invadirlo todo. Qué es lo que quiere House para él, qué es lo que tienen pensado los guionistas, qué es lo que ansía el público y qué es lo que realmente sucederá. Pues puede y que sí sea un tanto impredecible.

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13 de abril de 2011

House MD: Thirteen is back (and she carries a gun, a spud gun)

Todos los episodios desde que House fue dejado por Cuddy han sido estupendos. Desde luego, me gustaría ver más de vicodin stuff, pero no sé si es porque en serio no está ahí tanto como antes, o porque se supone que debe quedar sobreentendido, pues no hay. Como si no bastara con la mejora (debido al cambio de aires) de los últimos mejores, los guionistas se sacan la última carta bajo la manga de la temporada: el regreso de Thirteen. Y no es que no pudiese haber algo más escondido, pero, primero, lo siguiente será para el cierre con hype, y, segundo, éste ha sido un muy buen movimiento.

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Joder, que era necesario algo de female powAh desde que la administradora del hospital aparece cada vez menos y en vista de que Masters no tiene el carácter fuerte para enfrentar a House, el retorno de Thirteen trae consigo algunos de los diálogos que hace tiempo no disfrutaba. Por otra parte, no estoy seguro de cuánto tiempo la veré rondar por los pasillos del Princeton Plainsboro, pero lo que dure, hay que disfrutarlo. Más que nada cuando se la puede apreciar sujetando una arma lanza patatas. Oh, no puede ser mejor.

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Eso sí, el episodio tiene más que una dulce bienvenida.

18 de marzo de 2011

House MD: My body is a cage

Normalmente divagaría más al establecer el contexto en este primer párrafo; sin embargo, voy a hacer una excepción y esta vez no vacilaré por las tangentes, sino que apuntaré casi al tema corazón del motivo principal: lo que implica la ruptura de una relación. Al menos para aquellos que alguna vez se han metido de lleno en un compromiso de esta clase, el cual por A o B motivos ha terminado compensándoles de mala manera, sabrán que los sentimientos experimentados muy al final del evento no son nada agradables (para nada agradables). Y si sumado a esto se ha tenido la oportunidad de escuchar a alguien más sobre lo que piensa o siente al respecto de un hecho similar, se habrá percibido la diferencia de opiniones. Se habrá advertido que no todos reaccionan igual ante un suceso similar. El punto es que, incluso considerando esta condición, siempre aparecerá el caso que, por alguna extraña razón, llamará la atención de sobremanera. En esta ocasión, nuevamente ha sido el turno de House para deleitarme con su retorcida respuesta ante esa cuestionable ruptura con la que acabó el episodio anterior.

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Y hay que decirlo todo, "vaya respuesta".

Me es imposible citar a "llorar" como la reacción normal, aunque sí me atrevo a mencionarla como la más común. Pese a eso, las respuestas violentas también son de esperar, sobre todo de determinados tipos de personas (sí, de aquellos a los que se les tensionan los hombros y hacen puños cuando se alteran, miedo-miedo); sin embargo, ambas reacciones tienen algo en común, exponen un interés por la pérdida, un grado de afectación por el problema, y eso es algo que ni los orgullosos, ni los egoístas, ni los (dependiendo de como auto argumenten) racionalistas, estarían dispuestos a demostrar, aún más si le sumamos el toque de cinismo tan propio del doctor protagonista. No se trata de una simple represión, más bien de una fuerte negación, la cual conduce a la tan conocida lista de los cinco steps para superar una etapa de desesperación como ésta: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Pero dada la capacidad para racionalizar de House (herramienta defensiva típica), era seguro que quedaría inmediatamente atrapado en la primera fase del listado mencionado, incluso cuando él mismo comprendiese su posición, se contra argumentaría y le sería imposible salir de ese vicio al menos pronto.

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Lo que convierte a Greg un caso crítico es, tanto lo anterior mencionado, como su otro instrumento de escape: la vicodina. No se puede tomar más a la ligera a esta droga, al menos no como cuando recién se conocía a House y a su índice absurdo de consumo en los primeros episodios, en los que las respuestas se limitaban a cumplir con explicar que la ingesta de píldoras se debía al dolor de su pierna y punto. Casi en broma, e incluso luego de descubrir la verdadera historia detrás de la cojera y la adicción, este sentimiento no cambió mucho. La diferencia entre el ayer y el hoy radica en que ahora sí que se ha caminado de la mano con la relación entre el ex ex drogadicto y Cuddy, así como apreciado la violencia con la que la ruptura afecta a los personajes. Ésta no es ya la divertida mecánica de "traga una pastilla y haz una broma", sino una obvia vía de evasión de un dolor no precisamente físico. Es algo que hay que tomarse en serio.

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El vicodin es lo que le alivia el dolor, sea físico, sea emocional, armado con ello, no importa qué tanto le digan los demás sobre su estado, que le recalquen que lo que hace no puede ser saludable, ni que él mismo sea consciente de su actitud autodestructiva; gracias al consumo él no se siente mal, y armado de su cinismo y conocimiento, no va a escuchar a alguien que le venga a decir lo contrario. Sin embargo, es ahí donde surge lo más resaltante del capítulo: la incapacidad de House para elevar su grado de emoción. Como consecuencia del uso de la vicodina, o simplemente por el hecho de haber perdido de vista la gracia del mundo, esta ineptitud se presenta como el motor de la mayoría de acontecimientos expuestos en el episodio. Sea viendo al tipo rodeado de prostitutas y buscando nuevas maneras de divertirse, o sea observando los procedimientos que siguió al tratar a su último paciente. Tratamiento que se lleva el premio al más intenso de todos (o casi, que de seguro me olvido de alguno).

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No se puede ocultar la agresividad con la que fue llevada a cabo la discusión con Cuddy, esto es por no poder apartar el resentimiento del actuar, así como tampoco dejar espacio para nada más. No es el mismo debate vehemente que siempre ha acostumbrado la pareja tener, sino más bien uno en el que un lado mostraba una debilidad que comprometía el diálogo, y el otro devoraba en absoluto al contrario tras sentenciar un irrebatible punto final tácito. Me imagino yo que es una mezcla de culpa y tristeza versus el cinismo y negación anteriormente citados. Cuddy es clara con Wilson, ella nada puede hacer para ayudarle a House con su problema, debido a que ella es el problema.

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Y la escena final (oh, la escena final), una jugada sucia con los sentimientos de los televidentes, dada la tensión del episodio, el confirmado desgano por la vida del protagonista, como también el en general estado de depresión del mismo, todo se presentó de manera propicia para recrear esta toma de tal forma que por poco me la creo. Podía ser cierta por todas las razones del mundo, pero no podía ser verdad porque (sino se acaba la serie) House lleva racionalizando todo el tiempo y como regla principal nunca se puede ignorar el principio de supervivencia. Suicidarse nunca es una opción. Sin embargo, este pensamiento por el que me negué a ver lo que estaba viendo fue más bien resultado de una proyección, eso es, lo que yo hubiera pensado en su lugar y el por qué no hubiese saltado para matarme. No sé si el jefe del departamento de diagnóstico piense de esa manera, para empezar ni siquiera decidió suicidarse, pero es un hecho que su negación no es algo que nadie crea le lleve por buen camino. Debido a la trampa, debido a conclusión anticipada, no interesa, cuando se es un caso crítico, no es que hayan muchas opciones.

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Inclusive si se es House.

8 de marzo de 2011

House MD: Vicodin wins

Acostumbrado a tantos bad ends, aunque no a sobrellevarlos (que de eso se trata el gusto), la situación de Cuddy me tuvo de los nervios durante todo lo que duró su drama. Conclusiones precipitadas, firmes "lo sabía, pero aún así no puede ser...", pero sobre todo una peculiar preocupación, más que por la posible desdicha de la jefa, por House, fue lo que experimenté en estos cuarenta y pico minutos. Ese sentimiento, a pesar de los refrescantes últimos episodios en los que se podía apreciar una (ahora vana) positiva evolución de parte del protagonista, me deja en claro que nunca dejé de considerar al jefe del departamento de diagnóstico como un ser vulnerable, débil y cuya aparente estabilidad siempre pendió de un hilo.

Uno muy delgado.

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La reacción final de Cuddy tiene todo el soporte del mundo, pero el peso que inclina la balanza hacia uno de los dos lados es tan imprecisable que no voy a atreverme a señalarlo por ahora. Pese a que la actual revelada falsa mejora de House signifique más bien poco, no se puede dejar de lado los eventos que confirman sus progresos hasta antes del foco crítico experimentado en el episodio quince. El ex adicto (o ex ex, qué se yo) sí había estado mejorando, a una velocidad de tortuga insuperable, pero mejorando al fin y al cabo. El que no haya superado su pánico al dolor es un hecho que siempre estuvo presente, aunque camuflado por los aires rosas que caracterizaron su temporada/relación con la jefa, era algo a lo que eventualmente se sobrepondría. Puedo apostar por eso. Lamentablemente, para los que disfrutamos (y con esto me incluyo) más de la época oscura del diagnosta, este suceso último nos resulta encantador. Sin embargo, como no es cuestión de una apreciación unilateral, hay que agregar que, si los guionistas hubiesen tenido entre sus planes un happy end, no habrían puesto a prueba a House tan pronto.

Mucho menos atacándole su talón de Aquiles.

A lo que quiero llegar es a que era muy probable que cualquier prueba puesta al personaje que no involucrase a Cuddy habría sido superada más o menos bien, pero bien. Lo cruel ha sido atacar el flanco débil. El avance de House, no negable, siempre le arrojó todos los créditos a la novia de turno. Ella fue el soporte, la razón y la única esperanza que animaba al tipo del bastón a atreverse un poco, tan sólo un poco, a arriesgarse a comprometerse con los demás. Por lo que, retirada Cuddy de la ecuación, el problema pudo con House, fue un pwned total, por lo que, sin ánimos de justificar el uso de drogas en sí, hubo que recurrir a las trampas para superar el examen. Un test tomado antes de terminada la sesión de aprendizaje, un hecho tan cruel como todas aquellas pruebas sorpresa que alguna vez tuve.

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Vicodin.

Por otro lado, Cuddy fue muy clara al explicar los motivos de su decisión. No se trata del consumo en sí, sino de lo que simboliza. Y House sabe muy bien que ella tiene razón. Me pregunto si en su racionalidad, o la lógica de la que hizo mención Masters cuando trataban al paciente, hará que nuevamente Greg decida mantenerse alejado dada la conclusión definida. Bueno, eso si no hay antes otra reacción mayor. El jefe colapsó porque se le quitó su razón de progreso. Tuvo que recurrir a las drogas que se supone ya había dejado para poder enfrentarse a una situación desesperada, eso es, no huyó y luego se enfrentó a los hechos, sino que sólo huyó. En ese momento o más tarde, es decir, gracias al subconsciente de Cuddy o una vez que el nuevamente adicto se percatara de lo vacío de su engaño, de alguna manera todo habría de derrumbarse. Mentirse uno mismo a ese nivel, ¿en serio?; pero, gracias a aquella voz interna, los eventos se aceleraron aún más y el fin de la relación fue inminente. El uso de la vicodina decepcionaría a cualquiera, más que todo a alguien en la posición de Cuddy y eso es intergiversable.

Hay ocasiones en las que el "no puedo vivir sin ti" deja de ser romántico.

3 de marzo de 2011

House MD: Yo sé que tú sabes que yo sé que sabes

Y en este capítulo de House...

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¡Masters miente!

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¡House pierde un paciente!

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Chase planea dejar de autodestruirse (eso es, dejar de acostarse con mujeres a lo random)

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Y estoy CASI seguro de que Cuddy llegará a una de esas tantas conclusiones inversas a las que sólo se llegan en el universo de House MD.

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El fin de semana edito TODAS las entradas que me faltan editar y explico el por qué estoy así de desordenado (trabajo, trabajo, trabajo), así como también hago el cambio de banner y algo más que me acabo de olvidar porque el sueño me mata. Pues eso.

25 de febrero de 2011

House MD: Eso es, golpéale en el ojo, EN EL OJO

La temporada siete de House empezó con todas las interrogantes acerca de su relación con Cuddy, así como con los rumores del ingreso de un nuevo miembro en el equipo. Ambos temas han rendido lo suyo, el primero al inicio de la season, con el cómo un autosaboteador del calibre del protagonista reaccionaría con esa repentina y aparente absoluta felicidad; y, el segundo, con el cruce de principios y personalidades que implica poner en una misma habitación a alguien como Masters y al jefe del departamento de diagnóstico. Sumado a esto, el drama alrededor de Taub ha tenido su encanto.

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Pero todos estos temas se han desgatado muy rápido. Si llega a ser por culpa de los guionistas, espero que sea porque en verdad han andado flojos y no porque sientan que la historia no rinde para más. Y si no es eso, que es lo que yo creo, culpo plenamente a los grandes huecos entre episodio y episodio que se vieron desde diciembre y no se han detenido hasta febrero. Resultaba irritante. En fin, la razón que me lleva a citar hoy a House es clara: Two Stories ha quedado genial.

Lo curioso es que House contó todo dos veces, eso es que, si hubiesen puesto el capítulo de manera lineal habría repetido las mismas escenas en tres oportunidades. Pero ya qué, ha sido genial y punto.

La verdadera razón por la que este episodio me ha encantado se remonta a otra anécdota de mi pubertad, una de aquellos días en los que me preparaba para ver Cardcaptor Sakura durante el final del verano, una de aquellos días en los que, sin detenerme a pensarlo, me acerqué mucho a una persona en plena guerra de carnavales, donde globos iban de un lado a otro, lo que conllevaría a que tome una de las peores decisiones jamás ideadas.

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Y sí, a mí me pasó algo muy parecido. DEMASIADO PARECIDO.

24 de noviembre de 2010

House MD: Poncio Pilatos, Oncólogo Malentendido

Se me hace difícil creer en milagros. Es decir, en ese tipo de milagros que alteran aquellos principios que la ciencia se ha dedicado en establecer en los últimos cien años (por poner un número). Será que este escepticismo es un fenómeno de este siglo en el que, es evidente, se han terminado de descubrir tantas cosas que el figurarse como cierto cualquier evento con tendencia mágica resulta vano y delata una ignorancia retorcida.

No existe la magia. No existen los milagros.


Soy católico, bautizado y confirmado. Sin embargo, con el transcurrir de los años he ido aprendiendo cada vez más leyes físicas, más variables químicas, más reglas biológicas y, por alguna extraña razón, he terminado desarrollando una curiosa reacción ante todo tema que incluya probabilidades. Al inicio, me esforcé, de corazón, en mantener mis convicciones religiosas a la par de mis más recientes certezas científicas. Me inventé un mundo en el que explicaba todo según las nuevas reglas que había ido aprendiendo y lograba que todo encaje con lo que me enseñaron en mi colegio y en la catequesis de confirmación.

Pero eso no podía ser así.

De ser por mí hubiese mantenido esa armonía dentro mío hasta el fin de mis días. Arreglando todo a mi conveniencia para no lastimar ninguna de mis dos creencias. Hasta que un amigo me abrió los ojos. Es verdad que se puede explicar todo de tal forma que ambas partes no pierdan sentido alguno; obviando algunos puntos, adaptando otros, etcétera, pero se puede. No obstante, los testimonios de la Iglesia, así como todo lo que dicta la Biblia y todo lo que literalmente se exige que se acepte a ciegas (cofcoffecofcof), debe ser asimilado tal y como la santa institución lo pone sobre el papel. No modificaciones, no convenientes interpretaciones.

Y eso no puede ser compatible con nada.

Yo sigo creyendo en Dios. Un concepto de Dios convenientemente alterado. De la misma manera, no creo en la suerte por definición, pero sí con la respectiva explicación manejando probabilidades. No pienso que rezar altere algo en el flujo del universo por la acción en sí, sino dependiendo de lo mucho o lo poco que este acto influencie al ejecutor. Siento que muchos hechos de la Biblia son implanteables, teniendo en cuenta que el que no se pueda demostrar lo contrario no significa que sean verdad. Simplemente hay algunos puntos inexplicables fisiológicamente hablando. Pero ese libro tiene mensajes geniales (por no usar la palabra maravillosos, ya que me sentiría como mi papá), sólo debatibles cuando se le busca lo sucio al agua microfiltrada.

Win.

El capítulo de House MD, Small Sacrifices, es el responsable de esta tan larga introducción. Lo cierto es que pude obviarla, pero no había encontrado mejor ocasión para plasmar, aunque a grandes rasgos, las variaciones en mis certezas en los últimos cinco años.

No es la primera vez que el cínico doctor se topa con un fanático religioso. Existe incluso un capítulo mucho más específico, House contra Dios (en español), pero por esos días yo no le daba esta utilidad al blog. Es uno de mis episodios favoritos, btw. Esta vez, se trata de un paciente que señala el caso de su hija como claro ejemplo de la grandeza de Dios. Ella tenía cáncer terminal hace unos años, él decidió crucificarse cada año a cambio de la salud de su pequeña. Curiosamente esto funcionó.

(...)
House (entrando): Servicio de limpieza.
House (al paciente): O estás loco. O expiando alguna travesura... y estás loco.
Masters (al paciente): Él es doctor.
Paciente (a House): No estoy expiando nada.
House: Eso lo responde, gracias.
Paciente: Mi Marisa (su hija) fue diagnosticada de cáncer cerebral terminal. Etapa IV de glioblastoma. Cuando los doctores le dijeron que le quedaban dos meses de vida fue cuando realicé mi negociación.
House: ¿Con su compañía de seguro de salud?
Paciente: Con Dios.
House: ¡Ah!
Paciente: Le dije... que me clavaría a una cruz cada año para mantenerla con vida.
House: ¿Cómo va esa negociación? ¿Su baratija con arito y Dios contaron?
Paciente: Tres semanas después, ella ya no tenía cáncer. Y eso fue hace cuatro años.
House: Poncio Pilatos... oncólogo malentendido.
Paciente: Mi ex-esposa también cree que estoy loco. Se mudó la primera vez que hice eso.
House: Bueno, al menos tu hija tiene un ejemplo viable.
Niña (a House): ¿No crees en Dios?
House (a la niña): Lo hice. Entonces, me salieron pelitos enroscados.
Niña: Entonces, ¿cómo piensa que me curé?
House: Tal vez fue mal diagnosticado en primer lugar.
Paciente: Ustedes tienen su respuesta, doctores. Nosotros tenemos la nuestra.
House: Determinismo causal. Estamos atados a necesitar respuestas. El hombre de las cavernas que oyó un crujido en los arbustos y verificó qué era vivió más que el tipo que asumió que sólo era una brisa. El problema es, que cuando no encontramos una respuesta lógica, establecemos la estúpida. Los rituales suceden cuando se nos acabó lo racional.
Chase (a House): Si terminaste de burlarte de él, necesitamos prepararlo para una punción lumbar.
House: Bien. Otro agujero en él realmente haría el día de Dios.
(...)

De izquierda a derecha, Marisa, paciente de quien no recuerdo su nombre, y Masters.

No voy a racionalizar más de lo que el mismo House se encargó de racionalizar dentro de la serie. Creer en Dios no significa recurrir a rituales. No todos los creyentes son igual de fanáticos. No hay nada dicho sobre que negociaciones con Dios funcionen. Es sólo que el corazón del episodio está planteado así. Ahora, aceptando estos hechos como los que se están presentando en el capítulo, nada más que eso, pero también dándole la importancia del caso, se concluye: "de todas maneras, siempre suenan así de irracionales".

El enfermo de turno desarrolla distintos síntomas a lo largo de los cuarenta minutos del episodio, entre los cuales están parálisis, dolor crónico, un problema facial (algo así como afectación pseudobulbar), pérdida de dientes, entre otros. El equipo de House termina por descubrir qué es lo que padece y, tras determinar la mejor medicina para el tratamiento, se dan cuenta que es algo que el paciente no aceptará: tratamiento con células madres. Es en ese momento cuando el doctor en jefe recurre al engaño para convencer al tipo que en esos momentos sonreía cuando algo le dolía, indicándole que, de hecho, su hija no había superado el cáncer, lo que significaba que Dios había roto el trato. Cuando el paciente empieza a recuperarse, el diálogo final sazonado con el cinismo habitual se presenta.

Tiene algunos puntos interesantes.

(...)
House (mostrando placa): Tenemos algo que mostrarte. La tomografía de tu hija. Está limpia. Ella está bien. Mi error. Intercambié su examen con el de Marion Silver... Marisa Silva (el nombre de la hija del paciente)... Eso es creíble, ¿no? Como sea, buenas noticias para ti, malas noticias para Mrs. Silver.
Paciente: Me engañaste. Dios no rompió nuestro contrato. Yo lo hice. Tú me tentaste. Yo me dejé llevar.
House: Y Dios va a castigarte por eso.
Paciente: Él debe hacerlo.
House: Porque si no... Bien, eso podría sorprenderte, ¿no?
Paciente: Lo hará.
House (mostrando otra placa): Bueno, por eso estoy tan confundido... con esto. Ésta es tu resonancia magnética. Muestra mejoras notables. Estás mejorando. Chequeé dos veces el nombre de éste. Pero no todas son buenas noticias. Este paciente está jodido (mostrando otra placa). El término técnico es "muerto como un clavo"
Paciente: Quién es él.
House: Dios. Rompiste tu trato con él. Tu hija está bien, tú estás mejorando. Nada malo pasó. Lo cual sólo puede significar una cosa: no hay Dios. Por supuesto, si tu hija es golpeada con un meteorito hoy, tendría muchos huevos en la cara.
Paciente: Jajaja.
House: Estás sonriendo. Asumo que significa que eres miserable.
Paciente: Significa que soy feliz. No significa que Dios no exista. Sólo significa que él... él es verdaderamente misericordioso. Mi hermosa Marisa estaba bien. Dios es todo sobre amor.
House: ¿Castigo es una prueba de Dios y... no castigo es una prueba de Dios? Ingenioso argumento.
Paciente: La fe no es un argumento. Me gustaría ver a mi hija.
(...)

Hace falta más de una pic para captar el gesto cínico de House.

Para cerrar, tengo que decir que si la entrada tiene este toque medio diferente a las demás, es sólo y tan sólo por los diálogos empleados en House MD que se prestan para este tipo de cuestionamientos retorcidos. Normalmente permanencen inside, pero en algunas ocasiones terminan siendo exteriorizados en lugares más o menos apropiados. Ahora le ha tocado a mi blog la oportunidad de albergar este contenido asdfeoso. La conclusión del día es simple, la lógica que intenta explicar el mundo con las leyes aprendidas por la ciencia y la lógica religiosa son incompatibles. Porque la fe no es un argumento(?).

Ok, no sé.

10 de noviembre de 2010

House MD: Amber Tamblyn ftwww

Y eso.



Cameron me gustó en su momento, con Thirteen ocurrió exactamente lo mismo y, a pesar de que a estas alturas muchos reclamen a esta última sobre todo por su abrupta salida (¡pero vamos, la ex esposa de Chase también fue apartada con violencia! Ah, no, es cierto, no es precisamente por eso que se le reclama...), la nueva casi doctora Martha Masters está encontrando su lugar en aquel espacio ya con seguridad (no aparentemente) reservado para una fémina.

Con su comentario sobre la cinta de Mobius, Martha ya se ganó mi estima. Si en los próximos capítulos le agregan a sus líneas una referencia al gato de Schrödinger (y de paso nos revelan el truco para escribir ese apellido sin tener que recurrir a Google para verificarlo), se habrá ganado un especial lugar en mi corazón.

Además, tiene su moe.

25 de septiembre de 2010

No es algo en lo que tú no hayas pensado

Un momento cierras los ojos. Otro instante estás en medio de una conversación con un desconocido. Más tarde descubres que tu pantalla es más interesante cuando está en movimiento. Luego simplemente te das un tiempo para escribir. Entonces, es cuando sabes que tienes la oportunidad de ponerte al día.

Y se supone que estaba evitando escribir párrafos sin sentido esta vez.


Ayer vi el primer capítulo de la séptima temporada de House MD. La historia, según los videos promo, se centrará en la relación Cuddy&House (aunque eso estaba bastante claro con el final de la sexta). Este capítulo uno se ha encargado, en mi opinión, de dar un paso firme hacia adelante. Así sea el inicio de un happy end, o la base para un macabro final (ya me acostumbré a ver morir a parejas de protagonistas tras ver lo de Dexter, lo de Amber e incluso lo de Gwen), este episodio me ha resultado interesante por varias razones. Luego, las tres principales serían las siguientes.

En primer lugar, porque el capítulo inicia justo en donde terminó el anterior. La tensión por la muerte de la paciente era algo que no se podía dejar pasar; sin embargo, el que haya transcurrido tanto tiempo (hablando de meses desde que la temporada seis acabó), permitió que el ambiente se suavizara, lo que a su vez hizo que la transición a la escena love powah que le siguió suceda porque tenía que suceder sin notarse precipitada o forzada. En segundo lugar, porque House sigue siendo House. Sus ganas de racionalizar todo, las conversaciones ingeniosas resultado de su argumentación versus una respuesta curiosa de parte de su escucha, sus bromas y, lo más importante, su tendencia a asumir que siempre va a ser miserable. El tercer punto trata íntegramente de la escena final en la que House y Cuddy se despiden. Más precisamente, la expresión de cada uno una vez que no se pueden ver las caras.

Entre eso o aquello.


The Big Bang Theory 4x01

Como sea, también vi lo de The Big Bang Theory, que ha tenido uno de los mejores episodios de entre todos los que hay hasta ahora. Desde luego, el primer lugar sigue siendo para el de Saturnalia. Mi sitcom favorito ha regresado y con fuerza. Las bromas sobre la mano robótica (lol, Howard) y la cita de Sheldon y Amy con los intentos de Penny por hacerlos hablar (por cierto, el efecto boomerang fue genial), han conseguido "destruirme en múltiples sentidos". Y esta expresión dentro de mi repertorio de expresiones se traduce a algo así como... no sé, ¿"atravesarme con cincuenta mil estacas" se entiende mejor? Ok, ya.

Ahora, sigue la peli dos de Higashi no Eden. Seré feliz... o no.